¿Estás lo suficientemente enfermo para acudir al Médico?

Una mesa, unos invitados y una pregunta incómoda

Jesús había sido invitado a la mesa de Leví, el publicano (Mr 2:15-17). Muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Él y sus discípulos, porque eran muchos los que le habían seguido. Mientras los invitados disfrutaban del banquete, los escribas y los fariseos al verlo comer con ellos, dijeron a los discípulos: “¿Qué es esto? ¿Por qué come y bebe con los publicanos y pecadores?”. Al oirlos, Jesús les respondió: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

Estos religiosos creían que su justicia era superior a la de los demás. Vivían convencidos de que, por su estricto cumplimiento de la ley, eran dignos de entrar al Reino. Pero ¿qué era lo que tanto les escandalizaba de Jesús? Se escandalizaban de que Jesús recibiera a los pecadores porque consideraban incompatible la verdadera piedad con semejante cercanía; y lo rechazaron porque Él no tenía miedo de acercarse a quienes ellos consideraban inmundos y repugnantes.

¿Y si aquello que los escandalizaba era precisamente el corazón del evangelio?

El escándalo de la gracia no es solamente que Jesús se relacionaba con pecadores, sino que Dios salva a aquellos que no lo merecen. En palabras de MacArthur: «El verdadero evangelio declara que los pecadores no pueden hacer nada para merecer el perdón o ganarse la vida eterna; lo único que pueden hacer es clamar por misericordia a Dios, y Él por su gracia los salva».

Pero ¿quiénes son realmente los sanos y los justos de los que hablaba Jesús?

Cuando Jesús dijo que los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos, y que no había venido a llamar a justos, sino a pecadores, no se refería a que haya personas lo suficientemente justas que no necesitan su gracia para ser salvas. Tales personas no existen (Ro 3:23). Lo que estaba haciendo era distinguir entre dos tipos de pecadores: el que reconoce su pecado y el que se cree justo. Los escribas y fariseos no reconocían su necesidad de un Médico y confiaban en su propia justicia para salvación; paradójicamente eran los que más necesitaban ser sanados.

Por eso los publicanos y pecadores recibieron a Jesús con gozo y se sentaron a comer con Él, porque sabían que no tenían nada que ofrecerle y que solo podían depender de su misericordia para ser salvos. 

Marcos 2:15-17 nos recuerda que el verdadero evangelio es medicina para los quebrantados. Solo los enfermos buscan al Médico. Y solo los pecadores que reconocen que son indignos reconocen que necesitan un Salvador.

Como dijo Spurgeon:

«Si tú, querido amigo, te sientes espiritualmente enfermo, para ti ha venido el gran Médico al mundo. Si a causa del pecado te sientes completamente perdido, eres la misma persona comprendida en el plan de salvación por gracia».

¿Estás lo suficientemente enfermo para acudir al Médico?

¡Ven a Cristo! No traigas tus méritos. No traigas tu justicia. ¡Ven tal como estás! Porque precisamente para pecadores como tú es la gracia.

¿Y si el mayor peligro no fuera reconocer que estás enfermo, sino creer que tu enfermedad es demasiado grave para que Cristo pueda sanarte o, peor aún, creer que estás lo suficientemente sano como para no necesitarlo?

BIBLIOGRAFÍA

Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, Marcos, de John MacArthur.

Solamente por gracia, de Charles Spurgeon