Carta 2 - Una carta vacía.

Martes, 2 de septiembre del 2026

Hoy es uno de esos días donde no logro concentrarme. Anoche no pude dormir. Y hoy por la mañana apenas pude tomar una siesta. Mi cabeza da vueltas sin parar. Quise escribir otra meditación para mi serie de lectura Meditaciones con Spurgeon (donde leo a Charles Spurgeon y escribo meditaciones de lo que aprendo), pero simplemente no pude hacerlo. Hoy no tengo inspiración. Espero poder conciliar el sueño esta noche.

En la tarde me senté a pintar uno de mis cuadros. Cómo disfruto hacerlo. Mientras hago esto, también suelo escuchar una predicación: pinto y escucho, escucho y pinto. Esta vez escuché a mis hermanos de La IBI. Tienen palabras llenas de sabiduría. Sus sermones me erizan la piel. Además de la lectura y la escritura, la pintura se ha convertido en el segundo pasatiempo que más disfruto. Hoy estuve pintando La noche estrellada de Vincent Van Gogh. También leí un poco de su biografía y de su libro Cartas a Theo. Este libro me motivó a escribir estas cartas. Ya había leído algunos libros similares: Cartas del diablo a su sobrino de C.S. Lewis o El Diario de Ana Frank. Me encanta el género epístolar. Y ahora escribo cartas dirigidas a Ti.

Además escuché mi podcast favorito: Abre la Biblia con el pastor Colin Smith. Le diste una sabiduría increíble a este varón. Mi vida ha sido edificada con sus libros —los que he leído—. Hoy hablaba sobre la conciencia débil en algunos creyentes. No voy a explicar todo lo que dijo, porque no se me da explicar con claridad lo que escucho. Mi mente retiene mejor lo que lee. De esto solo quedaron destellos que me servirán para mis próximos escritos. Para no darle más vueltas al asunto: me identifiqué demasiado con este tema. Soy de conciencia débil. Y no temo decirlo ni publicarlo. En este diario no quiero aparentar perfección, sino mostrar el detrás de cámaras de lo que escribo.

Esta carta ya se está haciendo demasiado larga y no pretendo quitarte más Tu tiempo. ¿Quién soy yo para que me atiendas y leas mis cartas? Pero te conozco. Sé que eres paciente. Y nos llamas a acercarnos confiadamente al trono de la gracia. Y eso haré. No quiero regresar donde me sentí presa y lejos de Ti. Quiero estar cerca de Ti. Tan cerca que todo lo demás pierda valor ante Tu majestad. Y si puedo acercarme a Ti, es porque Te has acercado a mí.

Hoy, al escribir sin querer escribir, aprendí que la lectura, la escritura y el arte son dones que provienen de Ti, y vuelven a Ti. Sirven para glorificarte. Y escribo porque prefiero venir vacía a Ti, que no venir.