Ayer empecé a escribir la cuarta meditación de mi serie «Meditaciones con Spurgeon». Trata sobre el arrepentimiento. No daré detalles, no quiero hacer spoiler. Aunque no tengo muchos lectores —tal vez uno, o ninguno—, vamos a imaginar que sí los hay. Esta meditación me ha servido para ponerle nombre y orden al desorden que he estado experimentando en silencio.
Antes no tenía seguridad de mi salvación. Mi corazón estaba confundido y lleno de inquietudes. Recuerdo que gogleaba cosas como: “5 pasos para arrepentirme de mis pecados” o “5 señales de que mi arrepentimiento es genuino”. Suena raro. Lo sé. Pero en ese momento no entendía bien la salvación. Solo quería asegurarme de estar verdaderamente arrepentida.
Hoy estuve leyendo un tratado de J. C. Ryle. Él expone cinco manifestaciones o etapas del verdadero arrepentimiento en la vida del pecador —Sí, ya sé... suena exactamente a mis búsquedas en Google: “5 pasos para...”—. El punto es que me he identificado con cada una de ellas. Y esto me llena de una alegría que no puedo explicar. No lo digo por presumir. Lo digo porque la Madelin niña puede descansar al fin. Ella anheló llegar tanto a este lugar y por gracia ya llegó. Y te agradezco, porque eres Tú quien obra, Tú quien convence, Tú quien da el arrepentimiento.
Como ya te había comentado, he estado pintando algunas obras de arte famosas. Hace unos días pinté La noche estrellada de Vincent Van Gogh —sigue pendiente. Me gusta pero no lo suficientemente. O sea, quedó decente para mi pared, para Instagram todavía no—. También pinté El grito de Edvard Munch. Esa pintura sí me gustó mucho. Ahora necesito comprar unos marcos para colgarlas en la pared. Quiero seguir pintando —pinto para dejar de pensar—. Pero se me acabó el material. Ahora me tocará pintar con crayones de madera, a la antiguita. Me gusta mucho. Pero no da los mismos resultados que con los otros materiales. Con crayones, por ejemplo, no se pueden mezclar bien los colores.
Quiero mencionar algunos libros que descargué en pdf. No pude comprarlos en físico. Que son: La muerte de la muerte en la muerte de Cristo de John Owen (suena a trabalenguas). Es un libro grande, tiene más de 500 páginas. Quién sabe cuándo lo termine. Pero no tengo prisa. También estoy leyendo algunos Comentarios de MacArthur para hacer un poco de exégesis en mis escritos. No soy muy buena en eso todavía, pero estoy dando mi mejor esfuerzo. Y me apoyo en notas de otros teólogos.
¡Ah! Y encontré una colección buenísima de autores antiguos de Portavoz de la Gracia. Ahí fue donde leí «Las 5 etapas del verdadero arrepentimiento en la vida del pecador» de J. C. Ryle. El libro se llama El evangelio de la gracia de Dios. No recuerdo el nombre de la sección, pero el contenido se me quedó grabado.
Y esas son todas mis novedades.
Estoy cansada. Y a veces quisiera refugiarme donde no debo. Pero no lo haré. Tú me recuerdas una y otra vez, que, en Ti y solo en Ti, está mi verdadero refugio. Me sostienes. Me das fuerza para seguir. No me quiero alejar de Ti.
Contigo, y solo contigo quiero estar.
(P.D: Mi tarea del Seminario puede esperar… ¿verdad? Porque ahorita no tengo ganas de hacerla 🙊).

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