Dios mío, mi habitación son las sombras y mi alimento las algarrobas.
Mis pies no encuentran descanso.
Recorren las calles en desolación.
La angustia me consume como llama que no se apaga.
La espada del pecado ha herido mi alma.
Estoy errando en el camino de impíos, y tropezando en el aguijón de mi iniquidad.
El pecado me dice al oído: «no hay retorno», y por momentos le creo.
Estoy desesperada.
No encuentro la salida.
Este encadenamiento parece ser eterno.
He perdido las fuerzas para seguir viviendo.
El dolor corre por mis venas.
Mi cuerpo agoniza entre cenizas.
Así de abatida está mi alma.
Dios de misericordias, en mi angustia, clamo a Ti.
Esperanza mía y castillo mío, solo en Ti confío.
En mi soledad, busco tu rostro.
Vuélveme el gozo de Tu salvación, porque lo he perdido.
Lávame de mis pecados, hoy me arrepiento.
Enciende la llama de Tu amor.
Mi luz y mi Salvador.
Quiero descansar en Tu presencia, porque fuera de Ti, no hay paz.

0 Comentarios