Cuando el rey de Asiria, Senaquerib, había invadido a Judá y estaba asediando la ciudad de Jerusalén (2 Reyes 18:13-37). El rey Ezequías estaba preocupado por la seguridad de su reino, mientras que el pueblo estaba temblando de miedo. En ese momento de dificultad, Dios habló con el profeta Isaías y le dio un mensaje de consolación.
Animó al pueblo a no dejar que el temor los dominara, asegurándoles que Él mismo se encargaría de protegerlos y hacer justicia en Su nombre. El Señor Todopoderoso les concedería la victoria sobre sus enemigos, demostrando que nadie puede desafiar Su autoridad sin enfrentar las consecuencias de Su ira.
«El profeta respondió: «Díganle a su amo: “Esto dice el Señor: ‘No te alteres por ese discurso blasfemo que han pronunciado contra mí los mensajeros del rey de Asiria. ¡Escucha! Yo mismo actuaré en su contra, y el rey recibirá un mensaje de que lo necesitan en su país. Así que volverá a su tierra, donde haré que lo maten a filo de espada’”». (Isaías 37:6-7 NTV)
Esta historia nos recuerda que el Dios que liberó a Su pueblo de la opresión y el miedo en el pasado, es el mismo Dios al que nosotros adoramos y servimos en el presente. Por lo tanto, no debemos de temer cuando las aguas turbulentas de la vida quieran ahogar nuestra fe.

0 Comentarios