La vida de los primeros cristianos nos confronta

Hechos 2:42-47 nos presenta una comunidad sostenida por el Espíritu Santo. Aquellos creyentes perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones. Vendían sus bienes y los repartían a todos según la necesidad de cada uno. Perseveraban unánimes cada día en el templo y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Todo esto era fruto de su vida de oración. Aun bajo persecución, no dejaban de anunciar la Palabra, obedeciendo a la Gran Comisión. Su único deseo era obedecer a Dios, confiados en que Él respaldaría su obra.

«Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús» (Hechos 4:29–30).

Esto nos recuerda que nuestra vida, tanto comunitaria como individual, debe reflejar la gracia y la acción de Dios en nosotros y entre nosotros.

Por otro lado, no podemos ignorar que esas experiencias tan poderosas de la actividad de Dios no son comunes en la iglesia hoy.  Por eso sería un error tomar como norma todo lo que hicieron los primeros cristianos. Como bien plantea Stott, el libro de Hechos tiene partes narrativas, que describen lo que ocurrió, y partes didácticas, que enseñan lo que debemos hacer.

Pero hay principios que permanecen y que aplican para la iglesia hoy. Tales como: la centralidad de la Escritura, la oración constante, la comunión sincera y la dependencia total del Espíritu Santo. 

Esto me recuerda al corazón de la Reforma. Los reformadores no buscaban fundar una nueva iglesia, sino que buscaban volver a las raíces del evangelio primitivo. Y al reformar la iglesia, volvieron a centrar la liturgia en estos principios: la Palabra, la oración y la comunión. Si la iglesia vuelve a depender de Dios y a los medios que Él ha establecido, Dios volverá a manifestarse y obrará a su favor.

O como lo resume Miguel Núñez: «Cuando la iglesia de hoy decida hacer la obra de Dios a la manera de Dios, podrá contar con el poder de Dios».