Miércoles, 21 de octubre del 2026
El enemigo de nuestras almas no descansa en ningún momento. No se satisface con vernos tendidos en cama por las heridas de sus atentados desmedidos. ¿Acaso no le basta vernos arrastrándonos? Lo he descubierto en su intento por seducirme con la falsa doctrina del catolicismo. Es lamentable que en un descuido, ha engañado a hombres que defendían la verdad contrarrestando la mentira con argumentos sólidos. Sin embargo, su atentado solo hizo que me percatara de mi debilidad. Él quiso entrar sigilosamente por la puerta que, en mi afán por evitar el legalismo y ser neutral, dejé entreabierta para escuchar todas las opiniones, rehusando tomar una postura. Y digo que "intentó seducirme" porque el Espíritu Santo me advirtió de la desviación doctrinal. Estaba leyendo un ensayo teológico que aparentaba tener un fundamento bíblico sólido, pero que evidentemente provenía de un teólogo católico. Aunque al principio sonaba muy congruente con la teología evangélica, no pudo sostener su apariencia por mucho tiempo; pronto salió a relucir la justificación por obras y sacramentos, contraria a la gracia que solo es en Cristo.
No me jacto de mi formación teológica, porque es algo que he recibido por gracia, para compartirla con otros por esa misma gracia. Nada soy, nada sé, pero las lecciones del Seminario se penetraron en mi interior, así como las enseñanzas de teológos cristianos sobre las doctrinas de la gracia. Estas resonaron en mi mente como las olas del mar al chocar contra las rocas: un estruendo impotente. El enemigo es astuto, pero Tú preservas a los Tuyos, y ningún atentado a su fe prevalecerá.
¡Cuán dulce es Tu palabra! Quien la saborea no perecerá cuando su fe sea probada. En Ti está nuestra fortaleza y nuestra protección. Si la primera pareja hubiera prestado oído a Tus mandatos, y guardado Tus estatutos con todo su corazón, el engaño de la serpiente no habría prevalecido. Ante Tu verdad se desvanece todo engaño; Jesús es la prueba viva de ello. Al estar en el desierto, siendo tentado por el diablo, no lo venció con argumentos humanos, sino corrigiendo cada mentira con la Escritura. Así también nosotros podemos discernir entre los vientos de doctrina que nos quieren arrastrar de un lado a otro. Tú nos has dado al Espíritu Santo, quien habita en nosotros y obra en nosotros, capacitándonos en Tu verdad. Y nos has dejado las Escrituras para que las escudriñemos, porque ellas dan testimonio de Ti y son nuestra única regla de fe.
Mi espíritu rechaza la doctrina de los católicos, porque se han desviado de Tus enseñanzas y en su orgullo lo niegan. Viendo no ven, y oyendo no oyen. La mentira los corroe y ellos se dejan arrastrar por ella. No quería hacer estas declaraciones por temor a sonar rígida en mi confesión, pero la firmeza de mi convicción nace de mi amor por la pureza del Evangelio. No volveré a ser neutral; tomaré una postura doctrinal, y solo si soy convencida por Tu Palabra, cambiaré mis convicciones si no se adhieren a ella. Te agradezco por permitirme nacer en un hogar cristiano y por darme una madre que constantemente me dirige por el camino de la fe, que me ha apoyado en mi formación en el Seminario para adquirir conocimiento de Tu Palabra, y conocerte a Ti, el único Dios verdadero.

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