Viernes 16 de octubre del 2026
Los años pasan como las hojas de otoño, que son arrastradas por el viento en una sola ráfaga, y nos recuerdan que nuestra vida también es breve. Al avanzar el tiempo, mi mente se aclara y mi corazón inquieto encuentra reposo en Ti. En estos días, siento que he aprendido más que en todos los años anteriores. La mente es un músculo al que hay que ejercitar constantemente nutriéndolo con buena literatura. Tu Palabra es el mejor alimento para fortalecerla.
Cuánto lamento los años perdidos. A los que rendí mi tiempo y mi atención a cosas vanas, y solo me arrastraron a la tristeza, causándome más dolor que deleite. Pero ¿qué vida es esta, que nos ofrece alegría en medio del lamento y esperanza donde solo hay vanidad? Prefiero mantenerme alejada de las malas prácticas, hacer una distinción entre lo santo y lo profano, lo que edifica y lo que destruye. No quiero volver a convivir con las personas que quisieron apartarme de Tu verdad, predicando un evangelio diferente, donde no hay congruencia entre la fe y la conducta. ¡Apártame del mal y acércame a Ti!
La impureza es un germen que entra al cuerpo, aprovecha los nutrientes para reproducirse rápidamente y termina por enfermar todo el organismo; así mismo el pecado contamina el alma hasta dominarla por completo. La impureza también puede causar depresión. Todo lo que nos aparta de Ti, es impuro y nos hace impuros ante un Dios santo. Alejarme de Tu casa, fue un terrible mal, porque dio entrada a otros males en mi vida. Tal como dijo el salmista: «Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano» (Salmos 32:3-4 NTV). He decidido confesar todos mis pecados y no intentar ocultar mi culpa. Me he dicho: “Le confesaré mis rebeliones al Señor”. Así lo he hecho, ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció. Tu perdón es inmediato, porque donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia. Cuán bienaventurados somos porque nuestras transgresiones han sido perdonadas y nuestros pecados han sido cubiertos por la sangre de Tu amado Hijo, nos declaras inocentes por los méritos de Cristo.
Qué liberador es hablar con transparencia sin temor a ser juzgada. Porque de serlo, estaría menguando para que Tú seas exaltado aun en mi pecado. Pero Tú no necesitas de mi impureza ni de los señalamientos de otros para que Tu misericordia sea exaltada. Tu misericordia resplandece por lo que Tú eres, no por lo que nosotros decimos sobre Ti. Aun así, sostengo que al compartir nuestras experiencias, si estas te exaltan a Ti, sirven para que otros encuentren respuesta a sus propios dilemas al recurrir a Ti. Y esto solo es posible, porque Tú ya has obrado en nosotros.

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