Dios quita el corazón de piedra y pone uno de carne en el pecador (Ez 11:19). Lo que Arranca de raíz el amor por el pecado (Gá 5:24). Como resultado, el pecador se arrepiente.
Esto nos recuerda que ser cristiano no se trata de ser una mejor persona, sino de ser una nueva persona, solo por la gracia de Dios y solo a través de la fe.
La salvación no empieza con nosotros. Empieza y termina con la gracia soberana de Dios. De hecho, la salvación nos viene mientras no merezcamos otra cosa, que no sea
Si Dios no nos da vida, seguimos muertos en nuestros delitos y pecados. No hay salvación sin gracia. No hay arrepentimiento sin vida. No hay respuesta sin que Dios obre primero.
Por eso toda la gloria es solo de Él.
Pero el arrepentimiento bíblico no se reduce a levantar la mano, pasar al frente o decir una oración. El arrepentimiento es un dolor profundo por el pecado, porque es una ofensa directa contra Dios. Y cuando hay arrepentimiento verdadero, buscamos reparar activamente el daño que causamos.
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