«¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» (Romanos 11:33).
En un blog de Internet, un comentarista escribió acerca de este pasaje lo siguiente:
«Reflexionar sobre la insondable misericordia de Dios impulsó a Pablo a proferir una doxología. Tal gracia inexplicable solo puede provenir de un Dios de bondad infinitamente profunda. Para alabar a su Creador, Pablo buscó en su extenso vocabulario las palabras adecuadas. Era como si ensartara perlas verbales en un magnífico collar de alabanza, seleccionando cada una con sumo cuidado».¹
«El término “profundidad” señala la inmensidad infinita de Dios, mientras que “riquezas” expresa la abundancia inagotable de su sabiduría y conocimiento. Asimismo, las expresiones “insondables” e “inescrutables” enfatizan que los juicios y caminos de Dios trascienden la capacidad humana de comprenderlos plenamente».
De esta forma, el texto muestra que la verdadera teología no solo busca conocer a Dios, sino también reconocer con humildad que el ser humano solo puede comprenderle en la medida en que Él mismo se revela, pues su esencia infinita trasciende toda capacidad humana. Por ello, el apóstol continúa diciendo:
«Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?» (Romanos 11:34-35).
La sabiduría de Dios no es simplemente algo que Él posee, sino un atributo esencial de su propia naturaleza; es parte de quien Dios es en sí mismo. No podemos estudiar a Dios como si fuera un objeto limitado a nuestro alcance, pues aunque podemos conocerle verdaderamente por medio de su revelación, nunca podremos comprender plenamente su infinita naturaleza.
En relación a esto, Job afirma: «Con Dios está la sabiduría y el poder; Suyo es el consejo y la inteligencia» (Job 12:13). Es decir, Dios no solo posee sabiduría y poder, sino que es la fuente última de toda sabiduría verdadera. Todo juicio recto y todo entendimiento provienen de Él, pues la mente humana es limitada y dependiente de la revelación divina.
Como se muestra en la siguiente reflexión, nuestra mente no alcanza a comprender la grandeza de Dios:
«Hay aquellos que luchan para poner a Dios en una caja donde pueden echar mano de Él y analizarle. Pero si triunfan en eso, sólo han reducido a Dios al tamaño de un hombre. Dios es más grande que el hombre. Él está más allá de nosotros. ¡Nuestras mentes no pueden comprender la grandeza de Dios! Podemos entender lo que Él nos dice sobre Sí mismo, pero incluso más allá de eso hay mucho más que no podemos saber. Hay profundidad de riquezas. Es por esto que siempre estamos sorprendidos por Dios si confiamos en Él. Él siempre nos está enriqueciendo en formas que no anticipamos. Entonces Pablo habla de los “insondables juicios”».²
O como lo declara San Agustín en sus Confesiones:
«Pero Dios mío de mi vida y dulzura de mi alma, ¿qué es todo esto que acabo de decir, respecto de lo que Vos sois?, ¿y qué es cuanto puede decir cualquiera que hable de Vos? Y así, infelices y desgraciados aquellos que de Vos no hablan; pues aun los que hablan mucho de Vos se quedan tan cortos como si fueran mudos».³
Así, se afirma que la verdadera sabiduría no reside meramente en teorías humanas, sino en la propia naturaleza de Dios revelada en su Palabra. Esto significa que el teólogo debe acercarse a la reflexión teológica con humildad, reconociendo que necesita la iluminación del Espíritu Santo, pues la sabiduría no se origina en el intelecto humano, sino en la revelación divina.
La sabiduría divina no solo se analiza, sino que se contempla; no solo se estudia, sino que se honra. Es en el santo temor reverente ante su majestad suprema donde la teología se transforma en contemplación de la insondable sabiduría de Dios.
Bibliografía
[1] https://www.olivetree.com/blog/the-doxology-of-romans-11-33-36/#
[2] https://www.raystedman.org/es/devociones-diarias/romanos-9ª16/nuestro-gran-y-glorioso-dios
[3] Agustín, Santo. (1983). Confesiones: Libro I (E. Ceballos, Trad.; 10.ª ed.). Espasa Calpe. (Obra original publicada ca. 397-400). http://www.cervantesvirtual.com
[4] A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina-Valera 1960, © Sociedades Bíblicas Unidas. Todos los derechos reservados.
