Ninguna religión puede llevarnos a Dios, aunque afirme poseer la verdad. La Escritura es clara al declarar que Jesús es “el camino, la verdad y la vida”, y que nadie viene al Padre sino es por medio de Él (Jn 14:6). Las religiones son obra del hombre; en ningún lugar Dios ha determinado en su Palabra que la pertenencia a un sistema religioso sea el medio de salvación.
Esta verdad también fue necesaria para la iglesia en Corinto, donde algunos decían ser de Pablo, otros de Apolos y otros de Pedro. Pablo corrigió esta división recordándoles: «¿Acaso Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O fueron bautizados en el nombre de Pablo?» (1 Co 1:13). Esto demuestra que la salvación no se encuentra en líderes humanos ni en afiliaciones religiosas, sino únicamente en Cristo. Esta misma verdad se ilustra claramente en los relatos del Evangelio. Cuando Pedro se hundía en el mar, no clamó a ninguno de sus compañeros; clamó a Jesús, el único que podía salvarlo.
Así como Dios abrió un camino en medio del mar para que Israel llegara a la tierra prometida, también abrió un camino único y suficiente para la vida eterna al enviar a su Hijo unigénito como el único medio de salvación (Jn. 3:16). No hay alternativas ni sustitutos: solo Jesucristo salva.
