La oración que nadie ve, pero que Dios escucha

Un día atravesaba un momento muy difícil. No sabía qué dirección tomar y sentía cómo mi corazón se quebrantaba. En medio de mi lugar de trabajo, sin encontrar otra salida, decidí orar. Aun con personas alrededor, no pude evitar doblar mis rodillas. De forma discreta, fingí estar limpiando las estanterías inferiores y, allí, en silencio, clamé al Señor con toda sinceridad.

Hay lugares donde no podemos postrarnos abiertamente para orar, pero siempre podemos buscar una postura que nos permita hablar con Dios. Puedes tomar unos segundos para atar las agujetas de tus zapatos, o levantar la mirada por un instante hacia el cielo. La postura física no es lo esencial; lo verdaderamente importante es la inclinación del corazón. Dios escucha la oración que brota de un espíritu humilde y sincero.

Deseo que estos textos te acompañen en tus momentos de silencio y oración:

«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (Salmos 34:18).

«Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra» (Salmos 121:1-2).

«Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6:6).