Los principios fundamentales de la Reforma

Esta serie nace del interés por reflexionar sobre la liturgia en la Reforma Protestante y su importancia para la práctica del culto en la iglesia contemporánea.

La Reforma Protestante estableció principios fundamentales que permitieron una comprensión más profunda de la fe cristiana y de la práctica de la liturgia dentro de la iglesia. Estos principios, que surgieron como respuesta a diversas distorsiones doctrinales y prácticas de la época, buscaban recuperar la fidelidad al mensaje bíblico. A continuación, se presentan algunos de los más importantes.

1) La autoridad de las Escrituras

La Reforma Protestante enfatizó la autoridad suprema de las Escrituras como fundamento de la fe y la doctrina cristiana, estableciéndolas como la única fuente de verdad divina (2 Timoteo 3:16). Este principio, conocido como Sola Scriptura, afirmaba que la Biblia es la norma final para la vida, la doctrina y la práctica de la iglesia, por encima de las tradiciones humanas o de las autoridades eclesiásticas.

Esta perspectiva es reforzada por el gran teólogo B. B. Warfield:

La batalla de la Reforma fue librada bajo un estandarte en el que la sola autoridad de la Escritura estaba inscrita. Pero el principio de la sola autoridad de la Escritura no fue un principio abstracto para la Reforma. Este principio estaba interesado en la enseñanza de las Escrituras; y particularmente para este principio, la autoridad de las Escrituras consistió en la autoridad de lo que se enseña en las Escrituras.¹

De esta manera, la Reforma reafirmó que toda enseñanza, práctica litúrgica y doctrina de la iglesia debía someterse a la autoridad de la Palabra de Dios.

2) Justificación por la fe

Otro de los pilares centrales de la Reforma Protestante fue la restauración de la doctrina de la justificación por la fe. Esta enseñanza afirma que la salvación se recibe únicamente por medio de la fe en Jesucristo, y no por obras humanas ni por tradiciones religiosas, destacando que la salvación es un don gratuito de Dios (Efesios 2:8-9).

Robert Campbell subraya que la doctrina de la Sola Fide no representó una innovación doctrinal, sino un retorno a las enseñanzas fundamentales de la Biblia:

El gran grito de la Reforma, "Sólo por Fe", no era un descubrimiento nuevo, sino un redescubrimiento de una enseñanza bíblica.²

Así, la Reforma devolvió al centro del cristianismo la convicción de que el ser humano es declarado justo delante de Dios únicamente por medio de la fe en Cristo.

3) La salvación por gracia:

En estrecha relación con la justificación por la fe, la Reforma Protestante afirmó que la salvación es completamente un regalo de la gracia de Dios, y no algo que el ser humano pueda obtener por medio de méritos o esfuerzos propios (Tito 2:11). Este principio, conocido como Sola Gratia, destaca la iniciativa soberana de Dios en la obra de la salvación.

Leonardo Meyer ofrece una perspectiva clara sobre este punto, explicándolo de la siguiente manera:

La batalla de los reformadores en el siglo XVI fue contra la élite de la Iglesia Católica y la corrupción que emanaba de su sistema que distorsionaba el evangelio. Al día de hoy, todavía promueven que los méritos de los creyentes contribuyen en su salvación. Los protestantes rechazaron esa enseñanza porque es contraria a las Escrituras y afirmaron que la Biblia enseña que la salvación es por gracia sola, sin que ella tenga que estar acompañada de méritos que fueran suficientes para alcanzarla por nosotros mismos.³

De esta manera, la Reforma reafirmó que la salvación es enteramente obra de Dios y que el ser humano es incapaz de contribuir a ella por sus propios méritos.

4) La centralidad de Cristo

La Reforma Protestante también enfatizó la centralidad absoluta de Jesucristo en la obra de la salvación. Según este principio, conocido como Solus Christus, Cristo es el único mediador entre Dios y los seres humanos, y su obra redentora es suficiente para reconciliar al hombre con Dios, sin necesidad de intermediarios adicionales ni de rituales suplementarios.

El teólogo Sinclair B. Ferguson afirma lo siguiente:

La enseñanza de Solus Christus argumenta que la salvación se alcanza solo a través de Cristo y gracias a su obra en la cruz. En contraste, la teología católica romana sostiene que la salvación se obtiene a través de Cristo, pero con adición de los sacramentos y las tradiciones litúrgicas, y que en el proceso hay otros mediadores ante Dios, como si Cristo y su obra no fuesen suficientes para nuestra salvación. Solus Christus, entonces, no solo sostiene que Cristo salva, sino además que es exclusivamente por la persona y la obra de Jesús que cualquier persona puede ser salva.⁴

Por lo tanto, la Reforma colocó nuevamente a Cristo como el centro de la fe cristiana y de la adoración de la iglesia.

5) La gloria dirigida solo a Dios

Finalmente, la Reforma Protestante destacó que toda la gloria pertenece únicamente a Dios, principio conocido como Soli Deo Gloria. Este principio afirma que ninguna obra humana ni logro personal puede atribuirse el mérito de la salvación o de la obra de Dios en el mundo (Romanos 11:36).

Robert Campbell resalta este cambio de perspectiva al afirmar que:

Antes de la Reforma, se creía que la única manera de servir a Dios era dedicándose al servicio de la iglesia y aislándose del mundo normal. La gente con empleos "ordinarios" eran vistos como ciudadanos de segunda clase, lo cual los condujo a un sistema de dos niveles de cleros y laicos. La Reforma cambió todo esto. Se aceptó que todo trabajo y actividad no pecaminoso podría y debería hacerse para la gloria de Dios. [...] Es el propósito eterno de Dios que Su pueblo viva para la alabanza de Su gloria (Efesios 1:6), es por lo tanto la responsabilidad de un cristiano hacerlo todo para la gloria de Dios.⁵

Este principio transformó la visión de la vida cristiana, enseñando que todas las áreas de la existencia humana pueden ser vividas para honrar y glorificar a Dios.

En consecuencia, la Reforma Protestante buscó recuperar la pureza del evangelio mediante un retorno a las enseñanzas de Jesucristo y de los Apóstoles, eliminando prácticas y tradiciones que no tenían fundamento en las Escrituras. Como resultado, surgió una liturgia más sencilla, centrada principalmente en la proclamación de la Palabra de Dios y en la enseñanza bíblica.

En resumen, los principios fundamentales de la Reforma Protestante —la autoridad de las Escrituras, la justificación por la fe, la salvación por gracia, la centralidad de Cristo y la gloria dirigida solo a Dios— establecen la base para una comprensión profunda de la fe cristiana y de la práctica de la liturgia. Estos principios continúan siendo esenciales para la identidad y la práctica de la fe protestante en la iglesia contemporánea.

Este artículo forma parte de la serie La influencia de la Reforma Protestante en la liturgia evangélica, escrita por Madelin Reyes. Aquí puedes encontrar los demás artículos de la serie.

[1] Warfield B. B. (2020) La teologia de la Reforma y la significancia de las 95 Tesis.

[2] [5] Campbell R. (s.f.) ¿Por qué nos importan hoy las 5 solas?

[3] Meyer L. (2021) Cinco verdades que cambian vidas: Redescubriendo el mensaje de la Reforma.

[4] Ferguson S. B. (s.f.) Solo Cristo: La centralidad de Cristo.